La civilización Inca fue una de las más importantes y avanzadas de la historia de América del Sur. Durante su apogeo, que se extendió desde el siglo XIII hasta el siglo XVI, los Incas lograron construir un vasto imperio que se extendía desde el sur de Colombia hasta el norte de Argentina y Chile.
Los Incas se destacaron por su ingeniería, arquitectura y habilidades agrícolas, así como por su sistema político y social. Su capital, Cusco, fue una de las ciudades más grandes y avanzadas de su tiempo.
La religión era una parte importante de la vida Inca, y los dioses eran considerados como seres poderosos y protectores. El dios más importante era Inti, el dios del sol, y los Incas construyeron templos y santuarios en su honor.
Una de las principales contribuciones de los Incas a la historia mundial fue su sistema de caminos, que conectaba a los pueblos y ciudades del imperio. Este sistema permitió el transporte de bienes y personas a lo largo de grandes distancias y facilitó el comercio y la comunicación.
A pesar de su gran éxito, la civilización Inca fue finalmente conquistada por los españoles en el siglo XVI. A pesar de la derrota, la influencia de la cultura Inca se puede ver en la región hasta el día de hoy, y su legado continúa inspirando a las personas de todo el mundo.
Los Andes Centrales son una cadena montañosa que se extiende por más de 7.000 kilómetros a lo largo de América del Sur. Esta cordillera es el hogar del Imperio Inca, una de las civilizaciones más importantes de la región.
La geografía de los Andes Centrales es muy variada, con altas cumbres, valles profundos y una gran diversidad de flora y fauna. La región también cuenta con varios ríos importantes, como el río Amazonas, que nace en la cordillera y se extiende por gran parte de América del Sur.
El Imperio Inca se estableció en la región de los Andes Centrales y se expandió rápidamente para convertirse en uno de los mayores imperios de la historia de América del Sur. Los Incas se adaptaron a la difícil geografía de la región, construyendo sistemas de irrigación y terrazas para la agricultura en las laderas de las montañas.
Además, los Incas construyeron un sistema vial complejo que les permitió comunicarse y comerciar a lo largo de la cordillera y en todo el imperio. Este sistema de caminos y puentes permitió a los Incas establecer un sistema de comunicación eficiente y unir a su vasto territorio.
A pesar de los desafíos que presentaba la geografía de la región, los Incas aprovecharon al máximo los recursos naturales que se les presentaban y construyeron una sociedad avanzada y sostenible. Su legado continúa siendo una fuente de inspiración y admiración en la región de los Andes Centrales y en todo el mundo.
Se denominan bajo esta acepción a los pueblos de lengua quechua, que dominaban estas regiones a la llegada de los españoles. Cuando llegaron a esta zona asimilaron la cultura de los pueblos que ya vivían en ella, agregándoles sus propias adquisiciones.
Como ocurre con muchos pueblos, explican su origen por medio de leyendas. Según cuentan éstas, el dios del sol (Huiracocha) habría seleccionado a una pareja de hermanos: Manco Capac y Mama Ocllo, y sacándolos de su tierra (Pacaritambo), les habría confiado la tarea de fundar una nueva ciudad, y con sus descendientes, un nuevo pueblo. Para indicarles el lugar de su preferencia, les había dado una barra de oro, y allí donde ésta se enterrara naturalmente, debían quedarse. Asi nació la ciudad de Cuzco, lugar donde se produjo el prodigio. Y de la descendencia de estos hermanos surge la dinastía y el pueblo inca.
Las ciencias históricas lógicamente rechazan la leyenda, y deducen de ella únicamente que grupos indígenas de lengua quechua, entre los siglos XI y XII habrían aparecido en las mesetas de Perú y Bolivia. Seguramente buscaban dónde establecerse, y lucharon con los del lugar, valiéndose de su superioridad guerrera. Valientes e inteligentes, vencieron y dominaron a los primitivos habitantes aymaraes, restos del antiguo Tiahuanaco, y Cuzco se transformó en el centro de su expansión. Desde allí, poco a poco, irán conquistando los territorios vecinos unificándolos. Más adelante llegaron a conquistar la costa, donde quedaban herederos de las culturas nazca, chimú y chavín, a las que asimilaron.
En sus últimas incursiones parecen haber llegado al norte de Argentina y Chile, así como hasta el norte de Quito, que es conquistada.
Esta es la dimensión del dominio de los incas cuando llegan los españoles. Este extenso imperio recibía el nombre de Tahuantinsuyo, que en lengua quechua significa: las 4 partes del mundo. Su capital era Cuzco.
(Tomado de Traversoni I p.85)
Una de las bases del poderío incaico fue su red de funcionarios jerárquicamente sometidos al inca, emperador de origen divino al que ningún humano podía igualarse. Suponían que era la encarnación del dios sol sobre la tierra, por lo que tenía poder absoluto: jefe supremos de los ejércitos, sumo sacerdote y autoridad máxima en materia civil. Sus parientes cercanos eran designados cápacs o gobernadores de las cuatro regiones del Imperio. Debajo de ellos se encontraban los gobernantes locales, en una cadena que llegaba hasta los curacas o jefes de aldea. Aparte de la rígida disciplina impuesta a esta burocracia, funcionarios itinerantes dependientes del palacio vigilaban que las órdenes del inca fueran acatadas en la región. Un sistema de mensajeros, los chasquis, portaban continuamente noticias y regalos desde todos los rincones del Imperio.
Esta estabilidad fue conmovida por las luchas por la sucesión. Como otros imperios, los incas carecieron de una ley de herencia al trono. A la muerte del rey no le sucedía su hijo mayor, sino el que fuera considerado más apto. Al arribo de los españoles, una sangrienta guerra civil enfrentaba a los hijos de Huayna Cápac: Huáscar y Atahualpa.
La sociedad inca presentaba grupos de muy diferentes características. En la cúspide de ella, estaban el Inca y sus familiares, o miembros del ayllu real. Ellos disfrutaban de grandes privilegios: desempeñaban los más importantes cargos de la corte y del sacerdocio.
Le seguía lo que podríamos llamar nobleza provincial: las familias de los curacas, cuyos cargos se transmitían por herencia. Y por último estaba el pueblo, la masa trabajadora estrictamente controlada por los funcionarios.
Toda la actividad econóimca estaba dirigida por el gobierno del Inca. Él era el propietario de todas las tierras, y organizaba y controlaba tanto la producción como la distribución de los bienes logrados. No existía la propiedad privada ni de las tierras, ni de las minas ni del ganado.
Una minuciosa organización gubernamental aseguraba a toda la población una manutención segura y suficiente. Se lograba así respeto a la autoridad y no prosperaba el descontento. Pero al mismo tiempo la creatividad y responsabilida individuales estaban muy disminuidas.
La agricultura era la base de la económía inca y llegó a un notable desarrollo. Las tierras se dividían en tres partes: la del sol, la Inca y del pueblo. Los indígenas del pueblo trabajaban en comunidad las tres partes, pero sus frutos eran repartidos entre los sacerdotes, el Inca y su familia, y por último, el pueblo. Cada familia recibía una parte, lote o tupo, que era suficiente para cubrir sus necesidades.
El sobrante de la producción se guardaba en depósito para satisfacer necesidades en épocas de escacez. En el caso de que no alcanzara al pueblo la parte que le tocaba, se sacaba de la del sol o de la del Inca, pero la manutención de los trabajadores quedaba asegurada.
Los principales productos cultivados fueron el maíz y la papa (base de su alimentación), y el algodón (fibra esencial en sus tejidos).
Además de cultivar las tierras llanas, incentivados por la necesidad de aumentar la producción dado el alto número de sus habitantes, los incas se ingeniaron para transformar en tierras laborales las laderas de las montañas, construyendo en ellas terrazas escalonadas. Traían tierras de lugares más lejanos y construían de ellas andenes, sosteniéndolos con grandes muros de piedra.
Aún hoy se ven montañas que por efecto de este trabajo presentan aspecto de gigantescas escalinatas.
Construyeron sistemas de irrigación por canales subterráneos, que llevaban el agua a través de grandes distancias, bordeando las montañas y pasando por acueductos sobre los ríos. Los construiían con grandes piedras planas, bien ajustadas.
Técnicamente la agricultura se practicaba en forma primitiva. No conocían ni el arado ni la rueda, y no utilizaban animales de tiro. Para remover la tierra, usaban una especie de bastón de madera con una saliente sbore la que ponían el pie para hundirlo en la tierra y utilizándolo como palanca, remover grandes terrones, que luego desmenuzaban a golpes. Usaban también azadas de madera.
Para evitar el empobrecimiento de la tierra, dejaban lotes en descanso (barbecho) periódicamente, lo que permitía la recuperación de su riqueza. También usaban abonos naturales como el guano, que depositaban las aves en islas y la costa.
La caza y domesticación de animales también estaba controlada por el Inca. Esquilaban a las vicuñas y guanacos, a los que luego liberaban. Críaban y domesticaban las llamas y las alpacas, y utilizaban su lana y su carne salada y secada al sol (charqui). También las utilizaban para el transporte, aunque el peso que podían soportar no era mucho (40 o 50 kilos).
Las artesanía más desarrolladas fueron la del tejido y el trabajo en metales.
Tejían las finas lanas de la vicuña, la alpaca y la llama, así como el algodón. Con ello hacían sus vestidos, mantas y capas.
Teñían la fibra con colores vivos y permantentes, logrando hermosas combinaciones, imitadas hasta el día de hoy.
Para los tejidos más finos del Inca y los orejones, mezclaban hilos de plata y oro con los de la lana, con los que lograban vestiduras ricas y lujosas.
Toda la producción y todo trabajo manual era distribuido y vigilado celosamente por los funcionarios del Inca.
En cuanto a los metales, se destacan: la plata, que extraían de las vetas existentes en las laderas de los Andes, y el oro, que recogían de las arenas auríferas. Emplearon también el cobre y el bronce. Llama la atención la perfección de la orfebrería inca, realizada sin concer las principales herramientas de trabajo utilizadas, como el yunque, la lima, las tijeras, las tenazas, etc.
Eran politeístas y naturalistas. Uno de sus dioses principales era el Sol (Inti), padre del Inca, al que los hombres debían la luz, el color y la naturaleza. Le dedicaron un espléndido templo en el Cuzco (Coricancha), junto al de otras divinidades menores, lujosamente decorado, con verdaderos tesoros de oro, plata y piedras preciosas.
La Luna o Quilla, hermana y esposa de Inti, era otra divinidad importante. A ella estaba dedicado otro hermoso templo junto al del Sol.
Venus y las demás estrellas conformaba la corte de los dos grandes dioses.
Reverenciaban asimismo objetos, seres o fenómenos naturales, a los qeu llamaban huacas (piedras, animales como el cóndor o el puma, fenómenos naturales como el rayo o el arco iris).
El culto a los dioses era dirigido por los sacerdotes qeu formaba una casta, cuya figura porincipal era el supremo sacerdote (Huillac Uno), generalmente tío del Inca, que merecía respeto y veneración popular.
Las ceremonias consistían en sacrificios de animales y ofrendas de objetos preciosos y frutos de la tierra, realizadas en los templos. En la ceremonia se bebía y derramaba chicha, y se entonaban cánticos al sol.
Existían también las llamadas vírgenes del sol, jóvenes que ofrecían su virginidad al sol, dedicándole a su culto (manetenimiento de la llama sagrada que ardía en todos los templos del Imperio) toda, o parte de su vida. Vivían en especie de conventos, donde preparaban los alimentos para las fiestas religiosas, y cofeccionaban las prendas de vestir del Inca y su familia.
Los incas creían en la vida de ultratumba, y en la reencarnación de las almas en los restos de los muertos. Por ello trataban que sus cuerpos se conservaran, para lo cual practicaban la momificación.
En este aspecto los incas no alcanzaron un desarrollo tan avanzado como los mayas y los aztecas. Sus conocimeintos aritméticos eran elementales. Tenían una numeración de base decimal, pero sin signos convencionales para fijar las cifras (o sea sin lo que nosotros llamamos números). Tenían sí conocimiento suficiente como para realizar la mensura de sus tierras, el reparto de sus productos e importantes obras de arquitectura e ingeniería.
El palacio del Inca era asimismo una importante construcción. Sobrio y sólido, rodeado de una enorme muralla de piedra, poseía un ingenioso sistema de aprovisionamiento de agua, que era traída desde las montañas vecinas. Fuera de Cuzco hay ruinas importantes en Ollantaytambo y en Machu pichu.
CERÁMICA. Los incas practicaron con mucha distinción el arte de la cerámica. Empleaban arcilla, que cocían cuidadosamente, dándole formas variadas, en general geométricas, y pintándolas con brillantes colores. Hicieron vasos de cuello estrecho, con asas dobles.
La cultura preincaica ya tiene hermosas manifestaciones de este arte. Por ejemplo, Tiahuanaco, que utiliza arcilla roja o anaranjada, a veces recubierta con barniz marrón, amarillo, blanco o negro. muchas veces las pinturas que las decoran forman figuras geométrica, humanas o de animales, bordeadas con un filete negro.
Es también famosa la cerámica preincaica de Nazca, que tiene como rasgo carcterístico su poca preocupación por las formas y, en cambio, su gran dedicación a la pintura. Confeccionaron vasos cilíndricos o globulares, copas altas y bajas, jarras. Su pintura es riquísima en el colorido. Los motivos más representados fueron: frutas, pájaros, mamíferos, peces, serpientes y cabezas humanas.
También son famosas las cerámicas chimú: con hermosísimo modelado de la cabeza humana y la pintura de escenas en vasos, que recuerdan alguno vasos griegos.
LA ORFEBRERÍA. Es otra de las manifestaciones de las artes menores incaicas. Fabricaban con el oro y la plata, joyas, alfileres, vasos cónicos y estuatuillas.. Con el cobre y el bronce hicieron armas, adornos y objetos de tocador.
También son famosos los tejidos incas. Usaban como material el algodón, las lanas de guanaco, de llama y de vicuña, y las fibras del maguey. Se destacan por lafuerza de su trama y el brillo de su colorido. Fabricaban mantas, capas, ponchos, chales, que son aún hoy imitados.
Los incas utilizaban también madera y hueso para hacer armas y utensilios de uso doméstico.