2) La Revolución Rusa (1917)
Al estallar la primera guerra mundial, Rusia era un país rural gobernado por una monarquía absoluta. Mientras el resto de Europa abrazaba el capitalismo, la libertad económica y la industrialización, el imperio ruso permanecía estancado: era una economía agrícola, feudal y en manos de la nobleza. Fue allí, sin embargo, donde tuvo lugar la revolución radical de la historia contemporánea.
La entrada de Rusia en la Primera Guerra Mundial empobreció aún más la economía del país, y generó mayor descontento en la población para con su monarca, el Zar (rey). Personajes como Vladimir Ulianov (Lenin) responsabilizaron a la monarquía de las penurias que pasaba la población, y se levantaron en contra de este sistema (octubre), proponiendo la eliminación de las diferencias sociales y el establecimiento de un gobierno popular sin distinciones (soviets). Claramente inspirados en el socialismo, los bolcheviques (rojos) lograron derrocar al zar en 1917, estableciendo un gobierno que -escuchando los reclamos del pueblo- hizo salir a Rusia de la guerra y buscar soluciones a los problemas de la gente. Rápidamente los perjudicados por esta "revolución" se organizaron en el denominado ejército mencheviques (blancos) para restablecer el régimen anterior, pero fueron derrotados.
Tras la victoria de los bolcheviques, estos comienzan un período de reorganización del país. Lenin propone la creación de un partido político único en 1921: el Partido Comunista cuyo objetivo sería instituir el socialismo en toda Rusia. Es así como en 1922 nace un nuevo país: La Unión de las Repúblicas Socialistas y Soviéticas (URSS), que sustituirá la antigua nación rusa.